martes, 8 de junio de 2010


Un astronauta y una bruja
viajan en una burbuja
derechito para el sur
ese fuego que creció

Si se calienta el detergente
y revienta eso que sienten
pueden perder el control
y tambian la conexión
certidumbre o ilusión
epidermica ficción

El cree en naves espaciales
y en efectos especiales
que nunca verificó
que en su puta vida vio

Ella practica con escobas
ve el futuro en una bola
que un colgado le vendió
y tambian la convenció
de su poder interior
esa magia de cartón

Y en el aire ruegan
gotas de amor
gotas de amor...

El vago juega con la idea
de crear un gran sistema
que permita otra fusión
otro tipo de valor

Pero la bruja lo contiene
y adivina lo que quiere
porque ella fue y volvió
al infierno del terror
a ese mundo tan glotón
que te come el corazón

A veces pasa que la fiebre
sube misteriosamente
y se retira sin razón
como toda aparición

Una burbuja reventada
ya no significa nada
y abatidos van los dos
sin creencia o religión
alejándose del sol
en opuesta dirección

Un retorno eterno
al vacío
al vacío
Un retorno eterno
al vacío
vacío...

Nunca la vida es tan precisa
nadie tiene esa fija
que te saca del monton
y te muestra algo mejor

Ni el astronauta, ni la bruja
saben que hacer con la culpa
y el miedo que les dejó
su sideral desconexión

Y en el aire ruegan
gotas de amor

Amores de turno padecen tu avaricia;
Dejás que sus luchas, sean siempre vanas.
Someten su vida a tu cruel injusticia
Y eligen tu traba, a quedar en la nada.

Un árbol que deja caer pocos frutos
Y ostenta, a lo lejos, montones de ellos.
Mujeres saciables, no pierden su tiempo
Queriendo trepar a este vil resoluto.

La luna se muestra, la niña descansa.
Y hay noches, que un ángel, alcanza sus ramas.
El árbol concede todas sus manzanas
Y el Sol, en su viaje, se viste de gala
Soñando poder, al llegar la mañana
Ver a estos dos locos, fundiendo sus almas.

Un viernes de invierno, mostró displicencia:
La joven mujer divisó sus cortezas.
Notó que con ellas, podía escalarlo,
Y subió donde pocas pudieron lograrlo.

Allí estaba el ángel, siempre reluciente.
Amable tomó de la mano a la dama.
Quien pudo, por fin, ubicarse en sus ramas
Culminando así su acción inteligente.

El ser celestial percibió en ésta niña
Dotes de grandeza, y sintió que era indigno
Gozar privilegios que aquella debía.
Cedió ante su aura y con gesto benigno
Bajó de aquel árbol, jurando ese día
Tomar sólo frutos que le correspondían.

Existen millones de fábulas grises.
No todas culminan con vino y perdices.
Se puede jurar que no hay nada más triste
Que un ángel dejando la magia pudrirse.